domingo, 20 de mayo de 2018

ARQUITECTURA MODERNISTA


ARQUITECTURA MODERNISTA

1- CARACTERÍSTICAS GENERALES:

- Elementos estructurales y ornamentales inspirados en elementos vegetales de tipo orgánico: formas
redondeadas, entrelazados (arabescos).

- Carácter envolvente: lo decorativo y lo funcional se unen.

- Predominio de la línea curva, disimetrías, estilización.

- Empleo de nuevos materiales constructivos: hierro (recuperación de trabajos de forja artística); y materiales que ya estaban en desuso: ladrillo, azulejería.

- Libertad e imaginación. Sacar al arte de las normas convencionales.

- Arquitectura simbólica, sugerente, embellecida, que despierta los sentidos Bélgica (art nouveau).

- La curva no fue siempre la predominante, al menos en exteriores.

2- PRINCIPALES ARQUITECTOS:

- Victor Horta (1861-1947): "Maison du peuple" de Bruselas, derribado en 1954, la Maison Solvay, el Palais Tassel (1894), Bruselas, el Palais d'Aubecq de Bruselas (derribado en 1952); el Palais de Belles Arts en Tournai

- Henry Van de Velde (1863-1957), Casa Bloemenwerf (1896) en Uccle; casa Haus Leuring (1903) en Schveningen (Holanda).

- En Francia (art nouveau) destaca como arquitecto: Hector Guimard (1867-1942), que singularizó las entradas al metro de París, con formas orgánicas en hierro. Otros edificios: la Maison Louis Colliot 1897 en Lille, el Castel Béranger, el Palais León Nozal 1902, la Sala de Conciertos Humbert de Romans, el Chalet Blanc en Cabourg -Normandie-, etc.

En Austria (Sezesión) destacan los siguientes arquitectos:

- Otto Wagner. Obras principales: la Majolikahaus (Casa Majójika) de 1898, la Ankerhaus de 1894, el Wagner Palace de 1890/91 y algunas estaciones de ferrocarril.

- Joseph Maria Olbrich. Palacio Sezesion (1898, Viena) y Casa Majolika.

3- ESPAÑA (MODERNISMO)

Se manifestó sobre todo en Cataluña, donde se recibía mayor influencia europea, y como una forma de singularizarse respecto al resto de España y reforzar el nacionalismo.

Los artistas modernistas (pintores, arquitectos, etc.) se reunían en el café literario barcelonés “Els Quatre gats”, desde 1897. Una revista que difundió el estilo fue Pel i Ploma, publicado por Ramon Casas (pintor).

El arquitecto Doménech i Montanerfue fue quien definió el “modernismo arquitectónico” con un artículo llamado “En busca d’una arquitetura nacional”, publicado en la revista “Renaixença”.

3.1- Características:

- Los ejemplos principales están en Barcelona.

- Es el más barroquizante o decorativo de Europa.

- Mezcla de formas vegetales orgánicas propias del modernismo internacional, con recuperación de estilos y materiales del pasado: recuperación del gótico, empleo del ladrillo.

- Recuperación de técnicas artesanales autóctonas españolas: azulejo árabe o cerámica vidriada como
decoración (recuerdo y admiración por formas y técnicas de un pasado no industrial).

- Empleo del hierro, incluso para arcos.

- Se hicieron edificios o casas particulares para la alta burguesía comercial, comercios, librerías,
mercados, etc.

3.2- Destacaron los siguientes arquitectos:

-Puig i Cadafat: “Casa Amantller” (Barcelona).

-Doménech i Montaner. Es significativa su Casa Lleo (Barcelona), con recuerdos claros del gótico en los remates apuntados o agujas; recuerdos árabes en ventanas lobuladas, etc. Otras obras de Montaner son: Hospital de la Santa Creu y el Palacio de la Música.

-ANTONIO GAUDÍ:

Fue el más imaginativo. De niño estuvo enfermo (reumatismo…) y pasaba temporadas en reposo en el campo, donde observaba y dibujaba formas de la naturaleza. Hizo estudios de arquitectura (también estudió filosofía, economía…). Tras acabar su carrera, el conde Güell se convirtió en su mecenas y protector. En sus muchos encargos le dejaba libre para crear. Murió atropellado por un tranvía en 1926.

Características propias de Gaudí:

  • Gusto por recuperar y mezclar estilos arquitectónicos: azulejería árabe (le gustaba la luz y la plasticidad de los azulejos); elementos clásicos (le gustaba usar solemnes columnas dóricas); estilo gótico (empleo de ladrillo, bóvedas, arcos apuntados, pináculos y agujas como remates, etc.).
  • Los edificios se envolvían en una profusa decoración, imaginativa y surrealista.

Principales obras de Gaudí en Barcelona fueron:

  • La sagrada familia: Iniciada en 1882 en estilo neogótico por el arquitecto F. de P. Villar. Le sustituyó Antonio Gaudí que terminó la cripta y proyectó cuatro sus fachadas monumentales, de las que sólo terminó la llamada del Nacimiento, con sus cuatro torres, en el estilo modernista naturalista. El proyecto incluía tres fachadas (del Nacimiento, de la Pasión, de la Muerte y Gloria), cada una con cuatro torres. En total, doce torres, símbolo de los 12 apóstoles. En el centro, sobre una gran cúpula, una torre más alta que las demás, simbolizando a Cristo, rodeada de cuatro torres menores, símbolo de los Evangelistas. La fachada del Nacimiento (la única de Gaudí), tiene tres puertas, con relieves sobre Jesús y su infancia. Predomina una ornamentación naturalista, complementada con las formas ondulantes típicas del modernismo. Las esbeltas torres culminan con pináculos polícromos. La cripta introduce una ornamentación naturalista formada por formas vegetales y animales labradas en la piedra. Existe un mirador situado a más de 60 metros desde el que se contemplan unas bellas vistas de la ciudad, para llegar al cual hay que ascender por las torres.
  • Casa Mila (La pedrera). Realizada entre 1906-1910, en piedra (de ahí lo de “pedrera”) y azulejos blancos para el remate. Fue un encargo del matrimonio Roser Segimon y Pere Milà. El tejado se emblematiza con chimeneas que simulan guerreros. Destaca su planta ondulante, que se refleja en el exterior. Los balcones están protegidos con bellos y orgánicos diseños de hierro forjado simulando plantas trepadoras. El edificio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (1984), pertenece a la Fundación La Caixa, y es visitable.
  • El Parque Güell. Barrio residencial proyectado por Gaudí sobre una pequeña elevación en las afueras de la ciudad; especie de ciudad-jardín siguiendo ejemplo Inglaterra. Se pusieron a la venta sesenta parcelas para que se instalaran las buenas familias barcelonesas, pero sólo se construyeron tres viviendas, entre ellas la del propio conde Güell, hoy convertida en grupo escolar, y la de Gaudí. El barrio estaba protegido por un muro de piedra (con medallones de fragmentos cerámicos con el nombre Güell), con una puerta principal flanqueada por dos pabellones, a modo de torres defensivas (influencia de la Edad Media). Uno de estos pabellones era la vivienda del guardia, y el otro recepción y sala de espera. Ambos son muy caprichosos, con un aspecto infantil y primitivo, con cubiertas en forma de seta, revestidas por los fragmentos de azulejo irregulares típicos en toda la ornamentación del parque. Desde los pabellones surge una gran escalinata, para salvar desnivel del terreno, que comunica la entrada con la zona principal: una sala con 96 columnas dóricas, muy robustas, que se pensó a modo de mercado. Recuerda a la arquitectura griega y a las mezquitas musulmanas. El techo de la sala forma pequeñas cúpulas, decoradas con fragmentos cerámicos, que incluyen trozos de vajilla rota. Es emblemática la fuente que divide en dos la escalinata, y que tiene forma de lagarto cerámico. La sala de columnas sostiene una plaza pública abierta (la gran terraza), que tiene un banco corrido con formas ondulantes y sinuosas, revestido también con fragmentos de azulejería con mucho colorido. En esta plaza pública se iba instalar una especie de teatro griego. Las vías de comunicación del parque, que incluyen puentes, viaductos, escalinatas y pórticos, se realizaron en piedra, con un carácter muy agreste que imita las formas de la naturaleza. Vemos así columnas que imitan palmeras y otras plantas, con planos inclinados, etc.
                      

ARQUITECTURA DEL SIGLO XIX: HISTORICISMOS, ECLECTICISMOS, NUEVOS MATERIALES Y URBANISMO.


ARQUITECTURA DEL SIGLO XIX: HISTORICISMOS, ECLECTICISMOS, NUEVOS MATERIALES Y URBANISMO.

La revolución industrial va a ser el agente que fomente los principales cambios en la arquitectura y el urbanismo que van a tener lugar durante la segunda mitad del siglo XIX, ya que surgirán nuevas necesidades que fomentarán el uso de nuevos materiales y la construcción de nuevas tipologías arquitectónicas como estaciones de ferrocarril, palacios de exposiciones, mercados, viaductos, teatros, edificios administrativos como ministerios, diputaciones, ayuntamientos, bibliotecas,academias, galerías comerciales, etc.

Todos estos edificios se van a construir siguiendo distintas propuestas arquitectónicas:

1- Por un lado tenemos los HISTORICISMOS. El historicismo es esa tendencia arquitectónica que aparece ya a finales del XVIII y que intenta recuperar formas arquitectónicas de otras civilizaciones o antiguas, creando nuevos estilos a los que se llamará “neos”. Entre estos nuevos estilos o “neos”están:
  • el “neogótico”, que se dio sobre todo en la primera mitad del siglo XIX con el romanticismo. Un ejemplo es el "Parlamento de Londres" de Charles Barry. En este edificio hay una mezcla de planteamientos clasicistas, por ejemplo, la simetría, la regularidad de la planta, junto con una decoración gótica, que fue realizada por Pugin. Existe una tendencia a la horizontalidad, pero como contrapunto las torres, de formas y alturas diversas, y los pináculos o remates en forma de agujas, insisten en lo vertical. Se dice que estos elementos verticales lo que intentan es dar un toque más pintoresco y variado al edificio. Otros ejemplos de neogótico son: el Ayuntamiento de Munich, la Catedral de la Almudena de Madrid.
  • El “neoindio”, que se dio sobre todo en Inglaterra, siendo uno de los edificios más representativos el Pabellón Real de Brighton, cuyo autor fue J. Nash, y en el que se pueden apreciar las cúpulas bulbosas típicamente orientales, los minaretes o torres circulares, columnas clásicas, etc. Se añaden también materiales modernos como vigas y barandillas de hierro colado.
  • El “neoárabe” y “neomudéjar”, que se dio sobre todo en España y que se manifestó en la utilización del ladrillo y la decoración con cerámica vidriada. Se aplicó mucho a plazas de toros o sinagogas. El grupo más abundante de obras neomudéjares están en Madrid. El estilo ofrecía la ventaja de que los materiales de partida resultaban más baratos (ladrillo). Se hicieron numerosas iglesias neomudéjares, como la Iglesia de San Fermín de los Navarros, la iglesia de la Paloma, la obra más importante de Lorenzo Álvarez (1848-1901), la iglesia de San Vicente de Paúl, construida a partir de 1901 por Juan Bautista Lorenzo. Como edificios no religiosos el neomudéjar se vio en edificios residenciales, hoteles, palacetes, etc., ejemplo de lo cual es el Hotel Laredo.
  • El “neochino”, que también se vio mucho en Inglaterra desde fechas muy temprana, a modo de pequeños pabellones (kioskos o pagodas) que se instalaban en los jardines. 
  • El “neoegipcio”, que lo introdujo Napoleón.



2- La pervivencia de todos estos estilos recuperados principalmente de la edad media, dará lugar a lo que se conoce como ECLECTICISMO, que consiste en la mezcla de elementos procedentes de culturas y etapas diferentes en un mismo edificio. El eclecticismo va a surgir alrededor de 1870 en las viviendas burguesas que se construían en las nuevas zonas resultado de los ensanches de las ciudades, también en palacetes en el centro de la ciudad. Además de retomar elementos góticos, clásicos, orientales, etc., también va a hacer uso de los nuevos materiales propios de la revolución industrial: el hierro, el cristal y el hormigón.


3- La ARQUITECTURA INDUSTRIAL, es la que emplea los citados materiales fruto del desarrollo tecnológicos: hierro, hormigón armado, cristal, materiales de fundición, etc. Es propia de la segunda mitad del XIX y tuvo un gran desarrollo a pesar de que había arquitectos que eran totalmente reticentes a que estos materiales entraran a formar parte de la arquitectura. El empleo de los nuevos materiales arquitectónicos se difundió a través de las EXPOSICIONES UNIVERSALES. Las Exposiciones Universales eran los eventos que organizaban los distintos Estados para mostrar los avances de la ciencia y de la técnica, de la industrial, propios de su país. En un principio tenían carácter nacional paro desde 1851 se internacionalizan y se hacen periódicas. El país impulsor de las exposiciones nacionales fue Francia que inauguró la primera en 1789 en el Campo de Marte; mientras que el impulsor de las exposiciones con carácter internacional fue Londres, que realizó la primera en 1851. Para albergar los stand de los distintos países con sus innovaciones tecnológicas se diseñó un edificio muy emblemático y original: el Palacio de Cristal. La segunda exposición internacional fue la de Nueva York en 1853.

Se podría decir que fue Patxon, con su Palacio de Cristal (Londres) realizado en 1851 para la 1ª Exposición Universal de Londres, quien inició la tendencia a usar los nuevos materiales para la arquitectura. El diseñó un edificio que medía 70.000 metros cuadrados, que tenía una clara influencia de la arquitectura de los invernaderos ya que, sobre una planta de tipo tradicional, proyectó un envoltorio a base de tirantes de hierro y de placas de cristal (300.000 cristales) que tenía la ventaja de que era prefabricado, es decir, que podía desmontarse sin destruirse. De este modo conseguía un edificio diáfano, lleno de luz natural. En su interior hay cierta influencia de la arquitectura religiosa porque poseía una especie de tribunas o pasillos abalconados para establecer recorridos.

A finales del siglo XIX, y también para la exposición universal de París de 1889, se creó otras de las obras emblemáticas típicas de la arquitectura industrial: La torre Eiffel, que celebraba el centenario de la Revolución Francesa. Era una muestra de la nueva arquitectura en la que se unían arte y técnica. Su autor fue Gustav Eiffel, un ingeniero que era experto en la construcción de puentes, estaciones de ferrocarril y otros edificios de hierro, y que había participado en la Exposición de París de 1867 construyendo la Galería de Máquinas. La Torre Eiffel estaba realizada en hierro. Tenía 300 metros de altura y se usaron 18038 piezas diferentes que se ensamblaron con siete millones de remates. Para fijar los cuatro pilares se utilizó un sistema de prensa hidráulica que se usaba ya en la construcción de puentes. Se tardó dos años en construirla interviniendo 250 obreros. Fue una obra muy polémica desde el principio. Se aseguró que se desmantelaría, se la tachó de monstruosa y antiestética por parecer más una fábrica que un monumento, incluso en 1886 se hizo un concurso cuyo objetivo era embellecerla intentando sustituir los pies de la torre por elefantes metálicos, lo cual no se llevó a cabo. Hoy, sin embargo, no solo es una construcción totalmente aceptada, sino que es el monumento más emblemático de París.

En España las estructuras de hierro se empezaron a aplicar en primer lugar en las estaciones de ferrocarril, ejemplo de lo cual será la Estación de Atocha. Fue una obra de Alberto Palacio, que era arquitecto e ingeniero. Tendrá una cubierta a modo de casco de nave invertida, a modo de bóveda de hierro y cristal, con una amplitud de arco de 157 metros, lo cual superaba todas las realizadas hasta ahora. 

En España, uno de los ejemplos más emblemáticos de este tipo de arquitectura industrial es El Palacio de Cristal del Retiro. Fue realizado por Velázquez Bosco, tomando como ejemplo los Palacios que se proyectaban para albergar las exposiciones universales. Presentó el proyecto en un momento en que el gobierno español quería revivir el imperio colonial lo cual fue aprovechado para albergar en él dos exposiciones: una de minerales y otra de plantas. Se construye en 1887. Se utilizaron como materiales el hierro y el cristal para la cubierta, sobre un espacio permamante realizado en piedra y ladrillo. Posee una planta con tres cuerpos absidiales poligonales de 8 lados, una cúpula de 4 paños en el centro donde se cruzan los arcos. Fue la primera vez que se usaron en España el hierro y el cristal para realizar un edificio no industrial.

Otros ejemplos importantes de arquitectura en hierro y cristal son:

-La biblioteca de Santa Genoveva de París, por Henri Labrouste, 1840. Fue el primer edificio público que se proyecto con los nuevos materiales. De planta longitudinal, la bóveda de cristal era sostenida por arcos de hierro que iban a caer sobre columnas también de hierro. La levedad de esta cubierta permitía abrir grandes ventanales laterales permitiendo la iluminación natural.

-El Mercado de Les Halles, de París, por Victor Baltard (1853)

jueves, 17 de mayo de 2018

EL REALISMO: COURBET


EL REALISMO: COURBET

En las décadas centrales del siglo XIX, la evasión del Romanticismo deja paso a una corriente que se interesa por la realidad. El Realismo surge después de la Revolución francesa de 1848. El desencanto por los fracasos revolucionarios hace que el arte abandone los temas políticos y se concentre en temas sociales. La industrialización determinó la desaparición del artesonado y la formación de una numerosa población obrera acumulada en los centros urbanos. Con ello, las condiciones de vida económica y social sufren una alteración profundísima, que se refleja en las ideologías. Los artistas toman conciencia de los terribles problemas sociales, como el trabajo de mujeres y niños con horarios excesivos, las viviendas insalubres, etc..., y consideran que deben denunciar estas lacras.

Mientras Augusto Compte elaboraba la filosofía del Positivismo, quien estima que la única fuente de conocimiento es la observación y la experiencia, que tenían lugar una serie de descubrimientos científicos que fomentaron la formulación de una doctrina optimista, la del progreso social. En vez de soñar con la mejoría de la vida, hay que especular partiendo de la realidad. El hombre será representado en sus tareas normales y el tema de la fatiga se convierte en motivo de inspiración. Quienes mejor manifiestan este cambio son los paisajistas de la Escuela de Barbizón, que a través del paisaje transmitieron la conquista de la realidad. La escuela fue creada por Rousseau y la integrarán artistas que realizarán un estudio objetivo y directo de la naturaleza plasmando los sentimientos que ésta les despertaba. A ellos les debemos el inicio de la práctica del pintor al aire libre.

Jean Francois Millet (1841-1875), hijo de campesinos pobres, fue uno de los máximos representantes de la Escuela de Barbizón. Se distinguió como paisajista, pero en sus paisajes no olvida nunca a los campesinos, humildes, cabizbajos, pesimistas y redimidos por el trabajo. Es el mejor intérprete de la vida campesina y del hombre y la miseria que ésta trae consigo. Contempló de cerca la situación en que vivía, pero no la denunció en sus pinturas, sino que la representó tal y como era. Plasmó la realidad. Sus obras más características son “Los Gavilladores”, “El Angelus”, y “Las espigadoras”.

Pero será Gustave Courbet el representante más importe del movimiento realista francés. Pretenderá expresar los ideales del socialismo e incluso seleccionará temas vulgares, lo que creará una gran polémica. Podemos encontrar un ejemplo característico de este enfoque radicalmente innovador eb su primer cuadro monumental, “un entierro en Ornans” (1848), también titulado “Cuadro de figuras humanas, histórico de un entierro en Ornans”. Las enormes dimensiones que utiliza estaban reservados hasta entonces a la pintura de historia, aunque sorprende por la ausencia de cualquier gesto noble, heroico o de lección moral. Se trata, al contrario de un tema trivial, donde se describe, con mirada imparcial, el entierro de un difunto tan anónimo como lo son los espectadores y los oficiantes.

A lo largo de su carrera de artista Courbet representó numerosas escenas de la vida burguesa y campesina que transcurren en Orleans, pequeña ciudad situada en la región de Franco Condado de donde era originario. Estas pinturas están marcadas por un deliberado rechazo del idealismo exagerado que proponían los pintores románticos. Con el cuadro “Después de la cena en Orleans”, pintado en el invierno de 1848-1849, Courbet  vulneró por primera vez los códigos de la pintura de historia. El cuadro representa una cena que tiene lugar después de un día de caza y que ha reunido a varios amigos, entre ellos el padre del artista, así como el crítico de arte Champfleury. En el título de la obra se observa la reivindicación de su identidad regional, principio que aplicará también en “Los picapedreros”, donde se pone de manifiesto la invención de un territorio por un artista, aunque la escena está sacada de la realidad, como hizo más tarde Cèzanne.

En la obra de arte, el término “realismo” puede simplemente indicar la fiel representación de la realidad. Pero Courbet no se limita a una mera imitación, sino que intenta identificarse con todos los elementos de la realidad de un modo veraz y auténtico.

Courbet toma prestado el nombre de “Realismo” a los informes de los críticos durante la exposición personal que organizó en 1855 (al margen de la Exposición Universal de París del mismo año). Las obras que Courbet presentó en los diversos salones fueron objeto de múltiples escándalos, pero le proporcionaron el apoyo de un importante coleccionista, Bruyas, cuya relación amistosa con el pintor se manifiestan en dos cuadros: “Buenos días, señor Courbet” y “El Encuentro”. En 1855, mientras que la Exposición Universal pone en escena la rivalidad entre Ingres y Delacroix, Courbet para desafiar al jurado que había rechazado sus cuadros, construye su propio pabellón para exponer sus lienzos, convirtiéndose desde entonces en el fundador del movimiento realista.

Fiel a sus ideas socialistas y republicanas, Courbet era un firme opositor al gobierno de Napoleón III, participando en la Comuna de París (1871). Tras la represión de la Comuna se exilió a Suiza, donde murió.

Su amistad con el filósofo anarquista Proudhon, había reforzado sus convicciones políticas. Colaborando con él en la redacción del texto “Del principio del arte y su destino social” (1865), donde el escritor, basándose en la obra de Courbet, se planteaba la justificación social del arte. A este artista provocador y revolucionario también se le relacionó con otros escritores como Baudelaire y Champfleury, quien defendía las ideas y la obra del pintor.

Otras obras destacadas de este artista fueron “Bomberos corriendo hacia un incendio” (1850, inspirada en “La Ronda de noche”, de Rembrandt), “Las Bañistas” (1853), “El encuentro o Buenos días, señor Courbet” (1854), “El taller del pintor” (1855) y “Retrato de P.J. Proudhon” (1865).

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EL ROMANTICISMO. DELACROIX (1798-1863)


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EL ROMANTICISMO. DELACROIX (1798-1863)

El Romanticismo fue una pose adoptada por los artistas que quieren escapar de la sociedad burguesa decimonónica. Consecuentemente los artistas van a otorgar prioridad a la vista sobre otros principios abstractos de forma y composición, contenido emocional o narrativo.

La Revolución Francesa se había presentado con el estandarte de la libertad (libertad, igualdad y fraternidad). Será el lema del movimiento romántico, y tendrá su manifiesto en el cuadro de Delacroix  “La Libertad guiando al pueblo”. A mediados del siglo XIX, la clase social que se ha alzado con el poder, la burguesía, muestra su preferencia por el disfrute de la vida sin sobresaltos. Es también la época de los problemas sociales de la industrialización. Con la caída de Napoleón y la consolidación de los regímenes políticos de la Restauración, que intentan borrar en Europa cualquier vestigio de la Revolución Francesa, un movimiento cultural, el Romanticismo, se convierte en bandera de las jóvenes generaciones que aspiran a encarnar en la política, la literatura y la filosofía y todas las artes, los principios revolucionarios que en 1814 quedan enterrados.

El Romanticismo es ante todo un grito de libertad. Esta explosión de libertad no se impuso sin resistencias en el mundo artístico. En 1819 expone Géricault “La balsa de la medusa”, que es acogida con gran crítica por los círculos conservadores. Las obras románticas producen una irritación creciente entre los partidarios de la pintura neoclásica. El arte oficial no podía entender la pintura como vivencia, emoción, sentimiento, en fin, a la pintura romántica. Nos encontramos con un nuevo tipo humano, que implica una relación arte-sociedad distinta. El artista deja de ser un doméstico del poder y esto favorece su esfuerzo para emanciparse de las directrices académicas. La Revolución Francesa, las guerras napoleónicas que azotan Europa y la crisis interna de los sistemas del Antiguo Régimen provocan la pérdida de fe en la razón. Como reacción aparece una nueva sensibilidad que se manifiesta prácticamente en todos los niveles del ser humano y que se caracteriza por conceder un valor primordial al sentimiento, al yo interior, y en consecuencia al individuo. El Romanticismo es, ante todo, una manera de sentir. La relativa democratización cultural que la difusión de las ideas ilustradas supone, junto con las transformaciones de la revolución industrial, y el auge de los nacionalismos facilitan el creciente protagonismo de un nuevo grupo social: la pequeña y mediana burguesía, que en muchos aspectos, sobre todo políticos, se identifica con los presupuestos de la nueva sensibilidad.

De todas las artes visuales, la preferida por los románticos es la pintura, pues en ella encuentran el vehículo más adecuado para manifestar sus sentimientos personales y su proyección en la visión de la naturaleza.

1- CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA PINTURA ROMÁNTICA

La pintura rechaza las convenciones neoclásicas y, saltando sobre ella, enlaza con los valores de la pintura barroca.
Las técnicas más utilizadas son el óleo, acuarelas, grabados y litografías.
Se recupera el color en detrimento del dibujo: lo emocional frente a lo racional.
Vuelven las luces vibrantes, teatrales, efectistas que refuerzan a las manchas de color.
Las composiciones son dinámicas, apareciendo posiciones convulsas y gestos dramáticos.
El culto al paisaje es un recurso para desplegar colores luminosos, nubes eléctricas, oleajes furiosos y transmitir estados de ánimo.
Destacan los temas de las revoluciones políticas o los desastres.

2- EUGÉNE DELACROIX (1789-1863)

Es sin duda el centro del movimiento romántico francés. Se formó en el taller del neoclasicista Guérin, siendo allí compañero del otro gran pintor romántico, Théodore Géricault. Desde muy joven, sin embargo, sus preferencias apuntan a Rubens y los venecianos.

En 1822 el Salón aceptó su obra “La barca de Dante”, en la que este poeta, acompañado por Virgilio, cruzan la laguna infernal en la que pululan convulsas y agitadas las figuras de los condenados que luchan por aferrarse a la embarcación. En esta obra se evidencia la influencia de la pintura de Miguel Ángel, así como la de “La balsa de la Medusa”, de Géricault. Delacroix se consagra como el máximo exponente del romanticismo en 1824 con la presentación de su cuadro “La matanza de Quíos”. En esta obra se refleja la carnicería realizada por las tropas turcas contra los griegos. La lucha por la independencia nacional de Grecia sintoniza a la perfección con la sensibilidad romántica. Pero la obra más notable de nuestro pintor se realiza para conmemorar la Revolución de 1830 y que lleva como título “La Libertad guiando al pueblo” (1830). Delacroix quiere mostrarnos su identificación con la lucha mantenida por el pueblo contra la opresión que supuso la restauración borbónica. Pero para Delacroix el pueblo es una amalgama de grupos sociales unidos por la bandera tricolor que enarbola la imagen alegórica de la libertad que, en realidad, lucha por los intereses de la burguesía. De hecho Delacroix se convertirá en contrarrevolucionario cuando el proletariado protagonice las revoluciones de 1848. En esta obra la composición nos recuerda a la de “La balsa de la medusa” de Géricault. En esta obra el color adquiere protagonismo. Los distintos valores cromáticos vibran, blancos, rojos y azules, matizasdos por la luz que se filtra entre veladuras originadas por el humo.

Su fascinación por el color se acentúa a raíz de sus viajes por el norte de África (1832) y de su contacto con la pintura de Turner. La aplicación de este rico colorido la encontramos en obras de ambientación exótica, como en “Las mujeres de Argel en sus habitaciones” (1834) y en “La muerte de Sardanápalo” (1827).





LA PINTURA NEOCLÁSICA. JACQUES LOUIS DAVID.


LA PINTURA NEOCLÁSICA. JACQUES LOUIS DAVID.

El cansancio formal, y una nueva ideología revolucionaria pondrán fin al dominio del arte barroco y rococó, identificado con el Antiguo Régimen y con la aristocracia. La Revolución (Francia, 1789), buscará en la antigüedad clásica su inspiración política y también artística.

El redescubrimiento de la Antigüedad Clásica se hará a través de hallazgos arqueológicos, como el de Pompeya em 1748 y Herculano (1719), y de autores y obras como Winckelmann (“Historia del Arte de la Antigüedad) o Lessing (“Laoconte”). Las obras y textos que hacen referencia en la antigüedad serán fuente de estudio en las Academias.

Se crea un nuevo estilo buscando la serenidad de las formas clásicas. Pesará la falta de referentes pictóricos grecolatinos, por lo que se inspirará en la pintura decorativa de los murales encontrados en Pompeya y Herculano, en los relieves de la Antigüedad (efectos de composición y perspectiva) y en las esculturas clásicas (predominio del dibujo y del volumen).

Cuando el teórico y pintor Anton Rafael Mengs quiso llevar las teorías neoclásicas a la pintura, creó en el techo de una de las estancias de la Villa Albani en Roma lo que podría considerarse un manifiesto de este recién nacido clasicismo. En su “Parnaso” (1761) renunció a los efectos coloristas y de composición del Barroco para realizar una pintura donde sobresalía la razón y la simetría. El resultado es una obra que recuerda a los relieves antiguos. La arqueología dio lugar a pinturas que seguían los ejemplos de la Antigüedad, pero también se produjo una vuelta a los tradicionales maestros de la pintura: Rafael, Corregio, Carracci o Poussin.

Todo ello generó una pintura ecléctica, en la que se prescindía de lo superfluo para destacar la importancia del tema. Se intentará regenerar una sociedad mostrando las virtudes ciudadanas que se interpretaban a través de temas sacados de la literatura clásica. Los temas de los cuadros hacen alusión a hechos históricos y aleccionadores, aunque no forzosamente debían ser antiguos. En síntesis, el Neoclasicismo no fue un estilo inspirado, sino imitador de la Antigüedad Clásica, de ahí los temas históricos y mitológicos. Abundan los desnudos al estilo griego y las poses grandilocuentes y frías, teatrales, muy estudiadas y académicas. Es un arte lleno de normas, donde lo importante es el dibujo, mientras el color se considera secundario. Normalmente se huye del movimiento y, cuando está presente, parece congelado, estable y predecible.

El máximo representante de la pintura neoclásica es el francés Jacques Louis David. La singularidad de este artista se impuso por encima de los artistas contemporáneos quizás por su implicación de activista revolucionario en tiempos de Robespierre y de pintor cortesano bajo el Imperio de Napoleón. David se forma en el taller de Boucher (Rococó), quien pronto descubre su facilidad para el dibujo, razón por la que le encamina al taller del pintor académico Vien


Ni uno ni otro serán decisivos para la formación de David. Será su paso por Roma lo que le influya, el conocimiento directo de las ruinas y de los grandes maestros italianos del siglo XVII. Cultivó la pintura de tema clásico, inspirada en los relieves grecorromanos, de los que copió la simetría, la falta de profundidad y la ordenación en figuras paralelas.

Su obra más conocida fue “El Juramento de los Horacios” (1784), considerada posteriormente como el manifiesto del neoclasicismo pictórico. En él describe el juramento de los tres hermanos Horacios delante de su padre para luchar por Roma frente a los tres hermanos Curiaceos. Es una obra moralizante inspirada en la Historia de la antigua Roma y en su obra teatral de Corneille “Los Horacios”, donde enaltece el amor por la patria y el sacrificio individual. También formalmente deriva del mundo romano. En la composición se presenta con claridad dos grupos distintos: el de los Horacios, dispuestos en paralelo según la técnica del relieve romano, el del padre que da las armas, y el grupo de las mujeres cuya desolación contrasta con la actitud arrogante de los protagonistas. Todo tiene un carácter teatral, con la arquitectura del fondo en arcos de medio punto y columnas dóricas marcando la perspectiva. El elemento cromático está subordinado al dibujo y al modelado escultórico de las formas. Se trató del primer encargo oficial de David por parte del primer ministro de Bellas Artes consiguiendo el máximo reconocimiento por ella en el Salón francés.

En “El Rapto de las Sabinas” muestra el afán conciliador de éstas entre los romanos y las sabinas. Pintado después del Directorio (1799), en él hace un llamamiento a la reconciliación de Francia. Desdeña el movimiento. En lugar de resaltar el momento del rapto, como hubiera hecho un pintor barroco, opta por el afán pacificador.

Cuando estalló la revolución, David se apartó totalmente de la política. Nombrado superintendente de Bellas Artes, suprimió la Academia y sometió el arte a una dictadura personal. Se mostró enemigo implacable del arte rococó. De este periodo destacan “El Juramento de la pelota” y “La muerte de Marat” en la que se impone la fuerza de la emoción por encima del clasicismo. Presenta la muerte del héroe en un tono sobrio y sereno, eliminando todo lo accesorio y primando la austeridad.

Cuando Napoleón llegó al poder, David fue nombrado pintor de Cámara (1804-1816). Respondiendo a la petición de su emperador, se dedicó a la creación de un nuevo estilo imperial, ejemplo perfecto del cual es la “Coronación del emperador”, en un marco de lujo inherente a la corte. Representa el momento en el que el nuevo emperador se dispone a coronar a Josefina en presencia del Papa. Es una galería de retratos de personajes con una composición que se transforma en fastuosa y abigarrada y con tonalidades cálidas.

Como Napoleón cayó, David fue desterrado y murió en Bruselas en 1825. La vida y la obra de este pintor, legitiman la relación entre la pintura neoclásica francesa y la Revolución.

LA ESCULURA NEOCLÁSICA. CANOVA


LA ESCULURA NEOCLÁSICA. CANOVA

El siglo XVIII políticamente estará marcado por la lucha entre el Antiguo Régimen y las nuevas ideas que la Ilustración trae y que se plasmarán de manera práctica en la Revolución francesa de 1789. Artísticamente parece que los acontecimientos discurren paralelos a la historia política. Contra la pervivencia del Barroco surgirá una reacción, en un primer momento refinada, ligera y elitista que corresponde al Rococó y, a continuación, una más radical formalmente protagonizada por el arte Neoclásico, mucho más cercano a la racionalidad, divinizada por la Ilustración.

El término neoclásico lo aplicamos a aquellas obras plásticas literarias y musicales aparecidas entre mediados del siglo XVIII y el siglo XIX, con la principal característica de querer volver al mundo grecolatino, a partir de los descubrimientos arqueológicos de esa época, que reimpulsaron y redescubrieron el arte supremo clásico. Pero esta definición resultaría muy simplista si no tuviéramos en cuenta otros elementos que van a convertirse en las características formales del nuevo estilo.
La principal sería la ya mencionada vuelta al mundo clásico, en especial del arte griego, huyendo del decorativismo del arte barroco y de la ligereza del rococó. Estilísticamente, se volverá a los postulados de luminosidad, exactitud, equilibrio y proporción que caracterizan al clasicismo.

Decimos además que a la difusión de los modelos clásicos contribuyeron personalidades tan significativas para la comprensión de la cultura de la segunda mitad del siglo XVIII como Winckelman, el padre de la Arqueología y de la Historia del Arte, y Mengs, el pintor filósofo.

Otra característica que debemos destacar es la influencia de la corriente ilustrada en la cual se sustituye a Dios por la razón, con lo cual el neoclasicismo se convierte en la vertiente artística de la secularización de la cultura promovida, por el propio movimiento ilustrado.

De esta última característica se deriva la creación y el desarrollo de las academias que sustituirán la fuerza expresiva y pasional del arte barroco por un estilo marcado por el «buen gusto», caracterizado por la uniformidad estilística lograda a través del aprendizaje del arte del buen dibujo, la copia de modelos clásicos y del dibujo al natural.

Por último decimos que los centros principales donde se desarrollará este estilo artístico son París y Roma.

Una vez situados y teniendo una idea general sobre cómo surgió y qué pretende el neoclasicismo, nos adentramos en el mundo de la escultura, donde destacaremos a Canova.

Primeramente, destacaremos algunas características de la escultura neoclásica que son las siguientes:

Predominio del empleo del mármol blanco como símbolo de pureza, de belleza clásica y de perfección, por ser el color de la escultura grecorromana (Aunque hoy en día se sabe que en la antigüedad se policromaban).
La escultura monumental pierde la libertad de que ha gozado durante el período barroco; se acoge al nicho o al frontón; la arquitectura domina con su claridad de líneas.
La escultura del período rechaza el efecto pictórico de la escultura barroca, concede todo el protagonismo a la línea pura de contornos bien delimitados y a los conjuntos serenos y sobrios, huyendo de las sinuosidades barrocas.
Perfección técnica y formal.
Expresión de una belleza formal.

Explicadas las características de la escultura neoclásica, vamos a especializarnos en la escultura de Canova, así decimos pues que el italiano Antonio Canova (1757-1822) es uno de los grandes escultores de la Historia del Arte y el mayor representante del movimiento neoclásico. Hijo y nieto de cantero, rechaza ya en sus primeros trabajos la idea del artesano gremial en favor del artista creador. Así lo acredita en "Dédalo e Ícaro", una alegoría de la escultura, donde, bajo los pies de Dédalo, descansan las herramientas del oficio, mientras Ícaro se pega las alas de cera que le permiten volar.

Analizando su manera de crear, destacamos que su punto fuerte está en el virtuosismo de la ejecución, pero también en la gracia de la concepción. La calidad que transmite a sus estatuas está apoyada en un lustroso acabado que luego patina con piedra pómez. Por otro lado, Canova tomó por modelo las obras griegas conservadas en Italia, fundamentalmente del período helenístico y como buen clásico, amó la juventud. Sus personajes son siempre jóvenes y lozanos, aunque un tanto insensibles. Sus mármoles, jamás proyectados para recibir colores, resultan necesariamente fríos. Si comentamos brevemente sus obras principales, destacamos:

Paulina Bonaparte (1805-1808), una de sus obras más conocidas. En ella retrata a la hermana de Napoleón como una Venus clásica, y el mármol adquiere, bajo premisas neoclásicas, valores casi táctiles y de sorprendente naturalismo y perfección técnica.

Obras de temas mitológicos como "Teseo y Minotaruro", "Eros y Psique", las "Tres Gracias”. Si hacemos un mayor hincapié en Eros y Psique, decimos que es un grupo escultórico de dos figuras realizado en mármol. Corresponde a la leyenda de Eros y Psique, cuando Eros (Dios del Amor) se disponía a besar a Psique (Alma), y de esta manera, despertarla del sueño que le provocaron los vapores desprendidos de un jarrón que le dio Perséfone, diosa de los muertos. Eros es el Dios del Amor, mientras que Psique (alma en griego) es la personificación del alma. La composición es en forma de aspa. Se conforma así por las alas de Eros, su pierna derecha y la línea del cuerpo de Psique, formando así esa forma, cuyo punto central es el pequeño espacio entre las cabezas de Eros y Psique, encerradas en un círculo por los brazos de esta. Las figuras estás idealizadas, con un perfecto estudio anatómico y la serenidad características de las esculturas clásicas. Y, aunque a pesar de que ambas figuras muestren un escorzo (es más acusado el de Eros) este conjunto transmite la quietud y serenidad de los cánones clásicos.

Quizás donde muestra mayor originalidad es en sus monumentos funerarios, como los que hace para Clemente XIV y Clemente XIII, donde además de la omnipresente influencia grecolatina, también se aprecian reminiscencias de Bernini. Y sobre todo en la tumba de Victorio Alfieri (1804-1810) o en su famoso monumento funerario de María Cristina de Austria, en el cual el sepulcro se convierte en una pirámide y el retrato funerario es sustituido por un medallón sostenido por un ángel. Llama poderosamente la atención la negra abertura hacia el interior del sepulcro, que contrasta con la blancura y la luminosidad del exterior.

Para finalizar, podemos hablar de su último gran encargo internacional que le llega, nada menos, que de Carolina del Norte. Se trata de una escultura de George Washington, entrega en 1821, poco antes de morir. El primer presidente norteamericano aparece, vestido como un emperador romano, en el momento de su renuncia al poder; es un homenaje a la honestidad y virtud el pueblo americano. Un incendio destruyó la obra, que se conoce por una copia en yeso conservada en el Gipsoteca de Possagno

ARQUITECTURA NEOCLÁSICA: JUAN DE VILLANUEVA


ARQUITECTURA NEOCLÁSICA: JUAN DE VILLANUEVA

El pensamiento ilustrado pretende acabar con la exaltación barroca y su carácter escenográfico, con la exaltación barroca y su carácter escenográfico, con la personificación del poder (Monarquías Absolutas e Iglesia católica) y, sobre todo, con los excesos decorativos del Rococó.

El Neoclasicismo (1750-1800) responde a esta necesidad poniendo la arquitectura al servicio del racionalismo, del orden y de la armonía. Se intentará codificar el lenguaje arquitectónico de la Antigüedad Clásica. Está asociado también a la reelectura crítica de los tratados antiguos, muy singularmente la obra de Vitruvio, y a los descubrimientos que la arqueología aportaba como ampliación de tipos y modelos. Aquella voluntad de restauración no era nueva. Ya había sucedido con el humanismo renacentista. El siglo de las luces promueve, pues, una vuelta al ideal clásico, sinónimo de racionalidad codificada. Además propone una nueva comprensión de las leyes de la naturaleza: con la razón y la experiencia como guías.

Don Juan de Villanueva será un genio artístico, muy inteligente y con un delicado gusto en el Ornato. Nació en Madrid en 1739 en el seno de una familia de artistas, entre ellos su padre, Juan de Villanueva y Barbales, que fue un importante escultor. Crece, pues, en un ambiente artístico y culto que le permitirá asimilar, como ningún otro, el lenguaje artístico de la Ilustración hasta convertirle en el mejor exponente de la arquitectura neoclásica en España y creador de un estilo propio, con un punto de vista sobre la arquitectura clásica más personal y libre que el de otros arquitectos europeos de su generación.

Villanueva se muestra menos pendiente de sujetarse a las proporciones matemáticas y prefiere dejarse llevar por la evocación nostálgica de la Antigüedad. Sus obras no son una mera copia del pasado. En este sentido, bien pueden compararse con las obras de Antonio Canova en la escultura. En su formación se reconocen dos grandes influencias. La primera la de su hermano Diego, que desde su posición como profesor en la Academia se mostró como un ilustrado racionalista, sumamente crítico del barroco, del churrigueresco y del rococó. La segunda, su estancia en Roma, donde estuvo becado entre 1759 y 1764, lo que le dio la oportunidad de conocer de primera mano las ruinas de la antigua Roma, y de las ciudades de Pompeya y Herculano, que fue lo que casi con toda seguridad dio a su arquitectura ese punto de evocación romántica que contrastaba fuertemente con la tradicional frialdad del lenguaje neoclásico. Pero de Italia llegará cautivado no sólo por las ruinas, sino también con la arquitectura de Andrea Palladio, arquitecto que junto con el español Juan de Herrera, ejercerán en los años siguientes una poderosa atracción sobre el madrileño.

Los primeros trabajos de importancia los realizará Villanueva precisamente en El Escorial, donde los reyes tenían un coto de caza y lugar de acampada, pero que deseaban convertir en una pequeña ciudad. En 1769 recibe el encargo de construir la llamada “Casa de los Infantes”, para albergar a la servidumbre de los hijos de Carlos III, donde resuelve de manera magistral el difícil encargo de integrar el edificio en el entorno herreriano del monasterio, logrando mimetizarlo al punto de hacerlo pasar casi desapercibido. A esta obra le siguieron dos palacetes construidos para los hijos de Carlos III: la llamada “Casita de arriba” para el infante don Gabriel, y la llamada “Casita de abajo” o del Príncipe, para el futuro Carlos IV. La fama y el prestigio de Villanueva irán en aumento durante estos años, en los que realiza la “Capilla Palafox” y la sacristía de la catedral, en El Burgo de Osma (Soria); “La Casita del Príncipe”, en El Prado; “El Oratorio del Caballero de Gracia”, en Madrid (una de sus escasas obras religiosas); el edificio de la actual Academia de la Historia y algunos trabajos más.

Esta labor no pasó desapercibida al Conde de Floridablanca, el gran artífice de la política reformista de Carlos III, que tras su llegada al gobierno utilizó los servicios del arquitecto. El ministro supo ver en él al hombre capaz de planear, continuar y desarrollar en la capital del reino las reformas urbanísticas de Carlos III y él mismo ansiaban para hacer de Madrid una ciudad acorde con los nuevos tiempos y las nuevas necesidades. Esas grandes transformaciones urbanas han hecho que popularmente se conozca a este rey como el mejor alcalde de Madrid. Sin embargo, gran parte de este mérito corresponde a Francisco Sabatini y a Juan de Villanueva, los arquitectos que lo hicieron posible. Será precisamente en este marco de reformas urbanísticas y de corte ilustrado en el que Villanueva va a realizar sus obras más importantes.

La mayoría de los historiadores coinciden en señalar el Museo del Prado de Madrid, como la obra más completa de Villanueva y la mejor del neoclasicismo español. En principio recibió el encargo de proyectarlo como Gabinete de Historia Natural en 1785, y un año después el rey Carlos III ya decidió convertirlo en una pinacoteca, aunque no se hizo efectivo hasta el reinado de Fernando VII, en 1818. El edificio se articula de una manera simple, racional y funcional, en cinco cuerpos distintos. El central incluye el pórtico y un salón posterior de estructura basilical cerrado en semicírculo. En los laterales, dos grandes cuerpos cuadrados (un nuevo recuerdo palladiano), con rotondas en su interior que favorecen la visita, se unen al central por medio de dos grandes corredores que se anuncian al exterior, en la fachada que sale al Paseo del Prado, por una columnata de orden jónico en el piso superior. En el exterior, el juego de volúmenes, con cuerpos abultados y retrasados, permitió a Villanueva lograr los efectos lumínicos de luces y sombras que confieren al edificio ese aspecto romántico que caracteriza su estilo, y que llevó a Chueca Goitia a considerarle como el creador de la “arquitectura de sombras”. Para su construcción Villanueva hubo de tener en cuenta la pendiente del terreno, más elevada en su fachada norte (Puerta de Goya) que en la fachada sur (Puerta de Murillo). En lugar de igualar el terreno, decidió mantener la diferencia de altura optando por una inteligente solución con dos entradas, una en cada extremo, que permitía acceder al edificio a dos alturas distintas y recorrerlo en dos direcciones opuestas, en sentido longitudinal, según cuál fuese el acceso. A estas dos entradas, añadió una tercera, la principal (puerta de Velázquez), en sentido transversal, con un imponente pórtico adelantado, con potentes columnas de orden toscano que remata, en lugar de frontón, con un relieve rectangular, que evoca un ático de un arco de triunfo romano. El uso de un orden distinto para cada fachada y las transiciones de uno a otro evidencian la sutileza de Villanueva en el manejo del lenguaje clásico.

El Gabinete de Historia Natural (hoy Museo del Prado) formaba parte de un ambicioso programa científico, típicamente ilustrado, que se completaba con otros edificios levantados por Villanueva en las proximidades del mismo: el “Real Jardín Botánico” y el “Observatorio Astronómico”. En el Jardín Botánico (realizado con anterioridad al Prado), modificó el diseño inicial que había hecho Sabatini. Proyectó una de sus entradas, frente a la puerta e Murillo del Museo del Prado, que es por donde se accede actualmente al jardín. Y por último, realizó el llamado Pabellón de invernáculos o Pabellón Villanueva, compuesto por dos alas de orden toscano unidas por un cuerpo central, en un esquema parecido al empleado en El Prado.

La otra gran obra de Villanueva es el Real Observatorio Astronómico (1790), que ordenó crear el rey Carlos III por sugerencia de Jorge Juan. Sus obras se prolongan mucho en el tiempo y Villanueva no pudo verlo concluido. Nuevamente está presente en él la evocación de la arquitectura de Palladio, con el pórtico central hexástilo de columnas corintias en el cuerpo inferior, en el que, como es habitual en él, prescinde del frontón. La imagen exterior es de una clara ascensionalidad, sobre todo, por el templo rotundo (Tholos) de columnillas jónicas, coronado por una cúpula que coloca en el cuerpo superior. Por otra parte, la planta del observatorio resume los ideales de sencillez y perfección geométrica del neoclasicismo. Tiene planta cruciforme que se obtiene a partir de un cuerpo central ocupado por la rotonda, en torno a la cual se ordenan e integran todas las dependencias. De este modo, el cuadrado y el círculo forman geometría esencial del edificio y dominan su composición, hasta el punto que toda la planta se inscribe en una circunferencia.

Con la caída de Floridablanca, en 1792, también declina la influencia y el protagonismo de Villanueva en la arquitectura. La mayoría de sus proyectos posteriores a esta fecha, como el Lazareto de curación, no llegarán a construirse o no queda casi nada de ellos.

CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL NEOCLASICISMO. LAS ACADEMIAS

     
         CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL NEOCLASICISMO. LAS ACADEMIAS


Tras el Renacimiento, el Neoclasicismo es el segundo intento de recuperar la antigüedad greco-latina en la Historia del Arte.

El estilo neoclásico aparece en Italia a mediados del siglo XVIII como un rechazo a los excesos cometidos en la última etapa del barroco. El motor de arranque fue el descubrimiento de los restos arqueológicos de Pompeya y Herculano. Sus ruínas se ponen de moda y será destino de vacaciones de la aristocracia europea. Coleccionistas franceses e ingleses comprarán estampas y relieves que muestran luego en su gabinete de París y Londres. En cualquier caso, la causa más importante del movimiento neoclásico fue el afán de perfeccionismo promovido por la Ilustración. Se utiliza el arte clásico para inculcar a los pueblos la razón y la moralidad que representaban la democracia ateniense o la dignidad de la ciudadanía romana.

El triunfo de la razón y del saber influye en la creación de este estilo. Se desarrollará desde mediados del siglo XVIII hasta la mitad del siglo XIX, enlazando con los historicismos. Suelen distinguirse dos etapas:

1- Con epicentro en Roma, donde destacan dos teóricos alemanes: el pintor y filósofo Mengs, y el teólogo Winckelman (en su obra “Reflexiones en torno a la imitación de la pintura y de la escultura de los griegos” expone que a los modernos sólo les queda un camino para ser grandes, imitar a los antiguos, y defiende la noble sencillez y la serena grandeza del arte clásico.

2- Se abre a partir de 1770 y viene marcada por la labor de las academias, que difundieron sus principios a nivel internacional.

Las Academias eran instituciones protegidas por el Estado. Estaban formadas por el conjunto de profesores (académicos) de las distintas disciplinas artísticas que tenían como objetivo tratar problemas técnicos y formar a l@s alumn@s en las artes nobles siguiendo los principios neoclásicos y el “buen gusto”. Van a crear “una norma”, por lo que marcan las pautas del saber, de la investigación y del arte. En la difusión del arte neoclásico juegan un papel fundamental de las Academias de Bellas Artes. Dan becas para la formación en Roma.

Las Academias más importantes fueron la Academia Royal en París, y la Academia de San Lucas en Roma. En España destaca la Academia de San Fernando en Madrid.

La acción de los Estados a través de las Academias da lugar a una gran uniformidad estilística. Se impuso el buen dibujo, copiar modelos clásicos y el dibujo del natural. Los arquitectos se educaban proyectando edificios según las normas de los arquitectos romanos y renacentistas como Vitruvio, Vignola y Palladio.

Las características generales del arte Neoclásico son:

El Arte es utilizado como instrumento educativo del pueblo.
Se transmiten unos valores que rechazan lo barroco por estar al servicio de las monarquías absolutas y los privilegiados.
Es un estilo sereno, equilibrado, marcado por la pureza, la exactitud y fidelidad al clasicismo frente a la exhuberancia barroca.
Se produce un nuevo intento de recuperar la Antigüedad greco-latina.
Es el primer arte no cristiano desde el Imperio Romano: se rinde culto a la razón.
Históricamente coincide con la independencia de los EEUU, la Revolución Francesa y el Imperio Napoleónico (es el estilo al servicio del Imperio Napoleónico).
Rechazo del Antiguo Régimen y del sistema estamental.
Triunfo político y social de la burguesía. Se impone su forma de vivir y de pensar.
Supone ante todo, una reacción frente a la desmesura decorativa del Barroco y a la superficialidad del Rococó.

miércoles, 16 de mayo de 2018

FRANCISCO DE GOYA


FRANCISCO DE GOYA

Francisco de Goya y Lucientes nació el 30 de marzo de 1746 en Fuentedetodos, un pueblecito de la provincia de Zaragoza. Se formó en el taller de José Luzán y posteriormente viajó a Roma, donde estudió el barroco italiano.

Su boda con Josefa Bayeu en 1773, hermana de los pintores Francisco y Ramón Bayeu, facilitan su instalación en la Corte, donde bajo la dirección de Mengs comienza a pintar cartones para la Reali Fábrica de Tapices. Los cartones fueron los que forjaron a Goya como pintor y los que le introdujeron en los caminos de la libertad formal. Los primeros cartones para tapiz revelan la influencia de Francisco de Bayeu, Tiépolo, Mengs y Velázquez. Representa temas populares, costumbristas, ofreciendo una visión fresca y amable de la vida madrileña, ferias, fiestas, romerías verbenas y juegos como “La pradera de San Isidro” o “La gallina ciega”. A lo largo de los cartones el tema irá adoptando una atención crítica sarcástica como se observa en algunos detalles de “Riña en la ventana nueva”, “El ciego de la guitarra” y “La boda”.

En 1785 se convierte en pintor del rey Carlos III y en 1799 en pintor de cámara del rey Carlos IV. Inicia grandes retratos. “La marquesa de Solama” o “La Duquesa de Alba”, que culminarán en “La Familia de Carlos IV”. Todas estas obras, aunque siempre de compromiso por las exigencias de su clientela, revelan los cambios estilísticos del pintor. Ocupan un papel principal la pincelada suelta y la preocupación por la luz. La luz aparece sobre todo en el tratamiento espacial y en los ropajes. Algunos de estos retratos destacan por la penetración psicológica. No capta simplemente los rasgos físicos, sino que traspasa la apariencia para indagar en los rasgos anímicos y mostrar su antipatía o simpatía por el personaje. “La familia de Carlos IV” representa la familia real. Inspirada en “Las Meninas de Velázquez”, aquí aparece el pintor trabajando. Sorprende el estatismo, las posturas hieráticas de las figuras, que puede considerarse un efecto buscado para concretar la atención en la expresión de los rostros, sacando a la luz la verdadera fisonomía de los personajes.

Sufre una enfermedad que le deja sordo. La sordera le lleva al aislamiento y a la introspección. Deja de contemplar la sociedad como un conjunto de costumbres amables y empieza a considerar el lado negativo, como plasmará en “Los Caprichos”. Son ochenta y cuatro grabados en los que destacan claramente cuatro temas principales: la corrupción de las costumbres (en las que tienen un gran papel la prostitución y el celestinaje), la superstición y la brujería, el anticlericalismo (apoyado en los vicios de los clérigos y en su poder sobre las personas) y la ignorancia. El pintor se sirve de la ambigüedad para dar una visión crítica. Por ejemplo en “Están calientes” se mantiene la incertidumbre entre si se trata de la sopa que comen glotonamente los frailes o de los frailes mismos.

Su intención es generalizar, universalizar. La multitud se convierte en la protagonista de las escenas, y la individualidad desaparece. Critica el mundo en el que vive porque está corrompido. Satiriza los defectos sociales y las supersticiones de las época: “La vieja dama y sus galanes”, “Nadie nos ha visto”, etc...

Goya vivió dos épocas históricas: el Antiguo Régimen, con las monarquías absolutas y los estamentos privilegiados, y el Régimen Liberal, nacido de los principios revolucionarios franceses, con la exaltación de las clases medias y la soberanía popular. La Guerra de la Independencia (1808-1814) intensificó su veta pesimista y crítica. La relación entre el artista y sociedad en Goya será evidente. Lo que ve en la guerra no es la lucha entre dos frentes, sino la violencia y la crueldad, la miseria humana, el aplastamiento del inocente, la desolación y el exterminio. Es enormemente realista en cuanto a los hechos y se sitúa al lado del pueblo que es quien padece los acontecimientos. Las obras célebres de este periodo son el “2 de mayo de 1808”, “Los fusilamientos del tres de mayo de 1808” y la serie de grabados titulados “Los desastres de la guerra”. En “El 2 de mayo de 1808” le interesa la imagen de la multitud. No hay ningún protagonista individual. Los gestos y la expresión de los personajes sirven para dar significado al conjunto. En “Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808”, el pelotón de ejecución formado por soldados franceses son personajes anónimos: solo interesa su función (son una máquina sin alma que solo cumple órdenes: matar). Entre los patriotas ejecutados se encuentran las distintas actitudes ante la muerte, como un hombre que alza los brazos increpando a sus ejecutores, otro que reza arrodillado, otro que llora de terror y la figura en escorzo situada en primer plano es un cadáver. Goya se preocupa por la tipificación, es decir, la presentación de lo universal a través de lo particular o concreto. Esto se hace más patente todavía en “Los desastres de la guerra”, que es una brutal crítica a la crueldad del conflicto armado.

“El Coloso” representa la invasión de las tropas napoleónicas en España. Aquí la línea ha desaparecido. Destaca la intensidad en la utilización del negro y la agresividad de las manchas, que produce una auténtica descomposición de las formas.

Esta obra enlaza con “Las pinturas negras de la Quinta del sordo”, una hacienda que Goya había adquirido en Madrid y que él mismo decoró. Predominan el negro y abandona la representación de lo visible creando un mundo lleno de monstruos. En “Saturno devorando a sus hijos”, no pinta simplemente un tema mitológico, sino que presenta el horror, un mundo poblado por el miedo y la superstición.

La vuelta de Fernando VII y la instauración del absolutismo en el país hacen que Goya se exilie a Burdeos. Sus últimos años los pasó ahí, donde falleció en 1828. Su última obra es “La lechera de Burdeos”.

Se le ha considerado como el primer pintor moderno, ya que muchos de los movimientos pictóricos posteriores beberán de su obra, como el Impresionismo y el Expresionismo.

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jueves, 10 de mayo de 2018

LA PINTURA NEOCLÁSICA. JACQUES LOUIS DAVID.


LA PINTURA NEOCLÁSICA. JACQUES LOUIS DAVID.


El cansancio formal, y una nueva ideología revolucionaria pondrán fin al dominio del arte barroco y rococó, identificado con el Antiguo Régimen y con la aristocracia. La Revolución (Francia, 1789), buscará en la antigüedad clásica su inspiración política y también artística.

El redescubrimiento de la Antigüedad Clásica se hará a través de hallazgos arqueológicos, como el de Pompeya em 1748 y Herculano (1719), y de autores y obras como Winckelmann (“Historia del Arte de la Antigüedad) o Lessing (“Laoconte”). Las obras y textos que hacen referencia en la antigüedad serán fuente de estudio en las Academias.

Se crea un nuevo estilo buscando la serenidad de las formas clásicas. Pesará la falta de referentes pictóricos grecolatinos, por lo que se inspirará en la pintura decorativa de los murales encontrados en Pompeya y Herculano, en los relieves de la Antigüedad (efectos de composición y perspectiva) y en las esculturas clásicas (predominio del dibujo y del volumen).

Cuando el teórico y pintor Anton Rafael Mengs quiso llevar las teorías neoclásicas a la pintura, creó en el techo de una de las estancias de la Villa Albani en Roma lo que podría considerarse un manifiesto de este recién nacido clasicismo. En su “Parnaso” (1761) renunció a los efectos coloristas y de composición del Barroco para realizar una pintura donde sobresalía la razón y la simetría. El resultado es una obra que recuerda a los relieves antiguos. La arqueología dio lugar a pinturas que seguían los ejemplos de la Antigüedad, pero también se produjo una vuelta a los tradicionales maestros de la pintura: Rafael, Corregio, Carracci o Poussin.

Todo ello generó una pintura ecléctica, en la que se prescindía de lo superfluo para destacar la importancia del tema. Se intentará regenerar una sociedad mostrando las virtudes ciudadanas que se interpretaban a través de temas sacados de la literatura clásica. Los temas de los cuadros hacen alusión a hechos históricos y aleccionadores, aunque no forzosamente debían ser antiguos. En síntesis, el Neoclasicismo no fue un estilo inspirado, sino imitador de la Antigüedad Clásica, de ahí los temas históricos y mitológicos. Abundan los desnudos al estilo griego y las poses grandilocuentes y frías, teatrales, muy estudiadas y académicas. Es un arte lleno de normas, donde lo importante es el dibujo, mientras el color se considera secundario. Normalmente se huye del movimiento y, cuando está presente, parece congelado, estable y predecible.

El máximo representante de la pintura neoclásica es el francés Jacques Louis David. La singularidad de este artista se impuso por encima de los artistas contemporáneos quizás por su implicación de activista revolucionario en tiempos de Robespierre y de pintor cortesano bajo el Imperio de Napoleón. David se forma en el taller de Boucher (Rococó), quien pronto descubre su facilidad para el dibujo, razón por la que le encamina al taller del pintor académico Vien


Ni uno ni otro serán decisivos para la formación de David. Será su paso por Roma lo que le influya, el conocimiento directo de las ruinas y de los grandes maestros italianos del siglo XVII. Cultivó la pintura de tema clásico, inspirada en los relieves grecorromanos, de los que copió la simetría, la falta de profundidad y la ordenación en figuras paralelas.

Su obra más conocida fue “El Juramento de los Horacios” (1784), considerada posteriormente como el manifiesto del neoclasicismo pictórico. En él describe el juramento de los tres hermanos Horacios delante de su padre para luchar por Roma frente a los tres hermanos Curiaceos. Es una obra moralizante inspirada en la Historia de la antigua Roma y en su obra teatral de Corneille “Los Horacios”, donde enaltece el amor por la patria y el sacrificio individual. También formalmente deriva del mundo romano. En la composición se presenta con claridad dos grupos distintos: el de los Horacios, dispuestos en paralelo según la técnica del relieve romano, el del padre que da las armas, y el grupo de las mujeres cuya desolación contrasta con la actitud arrogante de los protagonistas. Todo tiene un carácter teatral, con la arquitectura del fondo en arcos de medio punto y columnas dóricas marcando la perspectiva. El elemento cromático está subordinado al dibujo y al modelado escultórico de las formas. Se trató del primer encargo oficial de David por parte del primer ministro de Bellas Artes consiguiendo el máximo reconocimiento por ella en el Salón francés.
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En “El Rapto de las Sabinas” muestra el afán conciliador de éstas entre los romanos y las sabinas. Pintado después del Directorio (1799), en él hace un llamamiento a la reconciliación de Francia. Desdeña el movimiento. En lugar de resaltar el momento del rapto, como hubiera hecho un pintor barroco, opta por el afán pacificador.


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Cuando estalló la revolución, David se apartó totalmente de la política. Nombrado superintendente de Bellas Artes, suprimió la Academia y sometió el arte a una dictadura personal. Se mostró enemigo implacable del arte rococó. De este periodo destacan “El Juramento de la pelota” y “La muerte de Marat” en la que se impone la fuerza de la emoción por encima del clasicismo. Presenta la muerte del héroe en un tono sobrio y sereno, eliminando todo lo accesorio y primando la austeridad.



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Cuando Napoleón llegó al poder, David fue nombrado pintor de Cámara (1804-1816). Respondiendo a la petición de su emperador, se dedicó a la creación de un nuevo estilo imperial, ejemplo perfecto del cual es la “Coronación del emperador”, en un marco de lujo inherente a la corte. Representa el momento en el que el nuevo emperador se dispone a coronar a Josefina en presencia del Papa. Es una galería de retratos de personajes con una composición que se transforma en fastuosa y abigarrada y con tonalidades cálidas.

Como Napoleón cayó, David fue desterrado y murió en Bruselas en 1825. La vida y la obra de este pintor, legitiman la relación entre la pintura neoclásica francesa y la Revolución.

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